El otoño recién empezaba en el hemisferio norte, mientras que la primavera florecía en el sur. Cambié de estaciones en cuatro horas y mi zona horaria no fue alterada. Era una tarde de miércoles, cuando aterricé en Bogotá, capital de Colombia. El sol era muy tímido y lloviznaba. Dejé mi mochila en la pequeña y cómoda habitación que alquilé  en un depa de la ex cuñada de un amigo de un amigo mío, cerca del lugar donde sería el cuarto Congreso Internacional de Educación Sin Escuela (ESE), Auto aprendizaje Colaborativo (AC), Educación En Familia (EF), Escuelas Modelos Flexibles (MEF), en la Universidad Nacional de Colombia, al cual yo asistiría. https://educacionsinescuelacolombia.wordpress.com/

Llegué con la mochila ligera y el corazón un poco pesado. María Alice tenía 1 año y 10 meses y nos quedaríamos 6 noches separadas. Se quedó al cuidado del papá, quién realmente me apoyó y me animó a ir al Congreso. Aunque yo tenía plena confianza y seguridad de que ella estaría bien agarrada en las barbas de papá, de vez en cuando me preguntaba a mí misma: ¿no estoy yo siendo egoísta, dando prioridad a mi deseo en lugar de quedarme con ella? Me encontré con mil y unas cuestiones en una sola noche. Y éstas volaron conmigo.

El Congreso comenzaría al día siguiente, el 2 de octubre y terminaría el 4 de octubre de 2014. Hubo 4 talleres y 42 ponencias, entre ponentes internacionales (brasileños, argentinos, ecuatorianos, españoles) y colombianos, que expusieron sus experiencias, reflexiones e indagaciones acerca del devenir de la educación, que acabaron por aumentar a las mil y unas cuestiones que traje conmigo.

Llegué al auditorio y me sorprendí al ver cómo estaba lleno. Tuve problemas para entrar, “con permiso”, y yo me iba desviando hasta llegar a la primera fila y la primera persona que vi fue a Ana Thomaz, con quien ya estaba en contacto virtual. Reconocerla fue fácil, aunque era la primera vez que la veía personalmente. Pronto me presenté con ella y ella súper simpática y amable me dio toda la atención. Estaba preparando su ponencia en un cuaderno. Me senté a su lado, y mientras ella escribía en su cuaderno platicamos un poco con mucha naturalidad.

Había muchas personas paradas por falta de sillas. El auditorio estaba completamente lleno: 750 personas. Entre jóvenes, adultos, ancianos y niños. Había hasta bebés. Muchas madres amamantando. Muchas familias. Había un grupo de mujeres rastafari. Hubo muchas experiencias de vivencias colectivas y comunitarias. Había académicos escolarizados. Había intelectuales. Todo dis-[pro]puesto para una vida activa, autónoma, libre. Cerrados en un auditorio comenzamos el congreso, promovido por una universidad pública y adónde se sucedió el Congreso.

En el primer día del congreso, la mochila (que contenía los equipos/archivos audiovisuales y un montón de dólares) del director del documental Educación Prohibida, Germán Doin Campos, “desapareció”. El maestro colombiano, Daniel Nieto, de la Universidad Pedagógica Nacional, de inmediato tomó el escenario y el micrófono y gritó su descontento con este hecho y llamó a todos a una acción directa: para todo problema hay solución. Una mochila negra rondó por el público durante los tres días del congreso con el fin de recaudar dinero para ayudar a resolver la pérdida que sufrió Germán Doin.

Entre las ponencias que he visto y talleres que he participado destaco a las Anas: Ana Thomaz y Anna Dragow. Ambas son madres que a partir de la maternidad reflexionaron una serie de cuestiones profundas de la vida biológica, la vida en su sentido más amplio y esencial. Anna Dragow es polaca y hace mucho vive en España. Fundadora de la aldea virtual Crecer en Libertad, madre y compañera de un adolescente formado sin escuela. Ana Thomaz es brasileña. Educadora, bailarina y profesora de la Técnica Alexander. Ha trabajado por más de 15 años ayudando a la gente a vivir con todo el cuerpo. Madre de tres personas y ofrece cursos de educación activa en Brasil. Su blog: http://www.anathomaz.blogspot.com.br/

Ambas Anas practican educación domiciliar desescolarizada con sus hijos y creen que una educación no institucional, basado en el deseo del individuo permite que éste desarrolle toda su potencia innata. Es un rescate de la propia naturaleza humana. Al llevar a cabo la educación en casa desescolarizada, educan a sus hijos basándose en la naturaleza, en los hombres y en las cosas, es decir, en una educación del Sentido: en donde el maestro no educa sino que proporciona un entorno potente y permite que el ser natural se dilate desde sus instintos y su relación libre con el espacio; de la Utilidad: Desde este contacto/relación libre con el ambiente el ser se da cuenta de la utilidad de las cosas; de la Razón: y a partir de este sentir y utilizar, el ser reflexiona, crea y transforma. De este modo, ambas familias educan para sí mismas y no para el Estado. A través de proyectos sociales y colectivos, desarrollan experiencias y métodos alternativos de aprendizaje. Para estas familias, la desescolarización es un rescate del vínculo familiar, dado que la desescolarización presupone una educación/vida activa.

En la misma dirección y caminos, otros ponentes trajeron temas y experiencias de ejemplo. Educar con amor, libertad y respeto, es el trío necesario para romper con los paradigmas de la educación y más, para romper con el mundo del trabajo y una concepción de la sociedad escolarizada – patriarcal – machista – cristiana. Desde varios discursos, que en su mayoría provenían de voces femeninas, era evidente la importancia de vivir colectivamente/en comunidad. Cuidado colectivo, colecho, amamantar a libre demanda, parto natural y humanizado, la crianza con apego, la comunicación no violenta, entre otros, fueron temas defendidos por todos los que cantaron en el micrófono.

Durante los tres días en que estuve en el Congreso (jueves y viernes 8:00-17:00; Sábado 8:00-13:00) tuve la oportunidad de estar en la compañía constante de Ana Thomaz, Johanna Ávila y Jeffer Chaparro, estos dos últimos fueron los organizadores del Congreso, una pareja colombiana súper chévere que me mostró un poco de Bogotá. Nuestras conversaciones sobre la mesa, mientras saboreábamos comidas colombianas, sabían incitantes. No había problematización. Había experiencia.

Las contradicciones del Congreso pesaron en proporción al número de participantes: 750 toneladas. Era mucha percusión resonando en los tambores para ningún cielo abierto. Las voces fueron ahogadas en la búsqueda del ritmo perfecto. Los ponentes tenían sólo diez minutos para hablar. A la multitud metida en sus deseos no se le permitió platicar. Al final, el congreso Educación sin Escuela mantuvo los moldes académicos escolarizados, ya señalado por Ana Thomaz en su blog: http://www.anathomaz.blogspot.com.br/2014/10/congressos-e-suas-contradicoes.html

Sin embargo, el congreso permitió un enorme intercambio de conocimientos. En los recesos, en las horas de la comida, era dónde sucedía el debate, en pequeños grupos, cada uno con sus propios problemas.

Las mil y unas cuestiones que junto a mí volaron, desembarcaron y se multiplicaron, no fueron resueltas. Debido a que no tienen por qué resolver ya que no son problemas. Estas son cuestiones para vivir/ser/tener. Estas son cuestiones que harán avanzar hacia la profundidad de las verdades. Las mil y unas cuestiones explotan. Mueren. Y cuando se estrellan, iluminan lo que estaba invisible.

Maíra Castanheiro

Valle de Bravo, 04 de noviembre de 2014